2020: Inicio de la Pandemia.


El año había empezado bien. Recién me habían contratado en un nuevo trabajo, en un hotel de la cadena Ibis, en plena Av. Corrientes, con un sueldo que duplicaba mi sueldo anterior y además en un área que conozco. 

Por mas que los horarios eras bien cansones, porque estaba mas que nada de noche, me gustaba ir al hotel, por lo menos por un tiempo. hice algunos amigos argentinos que fueron un gran apoyo durante lo que seguía después. 


Y de pronto estando en una guardia a media noche, decretan el inicio del confinamiento obligatorio por el COVID-19. Yo no sabia si irme, quedarme, correr o saltar, pero la verdad dolo quería irme a casa. En el momento pensé que sería por un mes o algo así. Resultó siendo prácticamente todo un año. 

Y empezó lo peor. 

Estar encerrados en un lugar pequeño además compartiendo con otros familiares, para mi no fue fácil. imagino que para nadie realmente. Creo que pocas veces viví con otra gente, porque nunca me ha gustado. Disfruto mis espacios de soledad, de reflexión y cuando hay otras personas por muy cercanas que sean, me cuesta un poco asimilarlo. Más si hay niños gritones- La verdad no son los niños, es mi actitud ante una situación que nunca supe manejar para poder soportarlo. 

Fueron días largos, sin hacer nada. Mi mente no paraba. Usualmente mi mente siempre ha sido así. Nunca para de pensar y pensar y pensar. Es agotador a veces. El desespero me generaba mal humor, empezaron roces de pareja y discusiones muy feas que hicieron peor la situación. Sumado a eso, la preocupación por mis padres y hermano que estaban en Venezuela, con toda las carencias que ello implica ante una pandemia mundial.


En donde vivíamos había un bosque donde podía salir a caminar. Era mi release para salir del encierro obligatorio. Hacia las compras cuando podía solo para salir a caminar. De verdad fue uno de los momentos mas desesperantes de mi vida. Psicológicamente sabia que estaba afectado. Casi no dormía, me levantaba mil veces en la noche. Muchas veces salí al balcón a mirar el bosque para tener sentido de amplitud porque me sentía ahogado. Escribí este poema para drenar lo que sentía:

Cuarentena*

Letargo de días interminables.
El sentimiento se cansa.
Los ojos desconocen las horas.
Da igual que sea de noche o de día,
si no hay amanecer en el horizonte.
Cada segundo es cómo mil agujas que penetran el alma.
No encuentra puerto el barco de la tristeza en un mar de olvidos desolados.
Y sale el sol lleno de fiaca,
¿para qué brillar en esperanzas muertas?
En la tierra inerte no florecen los colores,
solo hay basura que calentar
Y te detienes, y respiras...
Si te abrazo, muero,
y si te beso, enfermo,
y si no lo hago, también...
Los tesoros de recuerdo de la playa y los amigos, los viejos amores perdidos, esfumados en distancia.
Nos separa la animosidad.
Damos abrazos en unos y ceros.
Ya nada parece real,
y lo real importa poco.
¿En qué momento perdió la vista el corazón?
Las canas del presente gritan el inevitable caer de las hojas de otoño.
Los oscuros pasillos de mis ojos me avisan que el tiempo se acaba,
y el abrazo del reencuentro sigue corriendo acelerado,
todo mientras me arrastro en espinas que me recuerdan lo efímero
y la utopía de la fe...
Me arrodillo ante la nada, las oraciones no llegan,
ni siquiera las de las viejas que estrujan un rosario y sangran las manos de desilusión.
No hay salto al vacío,
hay salto al hastío.
Ya basta de la mentira insostenible de la felicidad fingida.
Soy y solo soy:
dos piernas, dos brazos, una mente y un corazón maltrecho,
herido de muerte por despedidas,
por desamores y decepciones,
por siembras sin cosechas
y ordeños sin leche fresca.
No hay lugar para volver, porque al pasado no se vuelve...
Solo falta esperar que la última hoja, inevitablemente, bese el suelo del invierno.

Tenia conflictos emocionales, de pareja, interpersonales y para usted de contar. Puedo aseverar que esto aceleró esta pinche enfermedad. Yo dejé que pasara fue mi responsabilidad. Ahora, es mi responsabilidad hacer todo lo contrario y sanarme. Si fui tan poderoso para crear esto, tengo el mismo poder para deshacerlo.  

* Mi gran amigo Juan Ortiz me corrigió este poema, pero no se donde lo guardé corregido. Perdón hermano, soy un desastre. 



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