El Tumor
La verdad, no entiendo un carajo lo que dicen esas imágenes, pero por algún lado allí hay un tumor en el páncreas. O por lo menos fue lo que me dijeron.
Empecé con dolores abdominales, pensaba realmente que era una gastritis y no le paré mucho, si no que tome medicamento. Después sentía un dolor en la espalda y pensaba que era mala postura.
El dolor tenia la particularidad de que no se quitaba nunca. Siempre estaba conmigo, no me dejaba dormir. Recuerdo que en las noches me despertaba y me desesperaba porque solo quería descansar. Y el pinche dolor allí conmigo.
Como buen hijo de medico consulté con mi papá en la distancia. El en Venezuela yo en Argentina. Me recetó lo que creía conveniente desde allá sin poder verme, tocarme o hacerme una clínica correcta.
Tome un montó de remedios caseros, todos los que mis amigos me recomendaban. Pensé que eran piedras en la vesícula, o en lo riñones o quizá alguna infección estomacal.
Hasta que Rosita me hizo ir al médico. Fui a una gastroenteróloga, la Dra. Frías. El nombre le queda super bien, mas fría que un pingüino. Pero fue ella quien pidió el Eco que derivaría en la Tomografía, que daría el resultado.
Recuerdo que pasé días en el hospital Ramos Mejías del timbo al tambo buscando firmas de la dirección, exámenes de sangre, turnos para todo. Me conocí el hospital entero.
Una vez que la Dra. Frías vio los resultados, me remitió a Oncología. Allí se reunieron varias doctoras a verme con cara de lastima. Y supe que no eran buenas noticias.
De allí me mandaron a cirugía quien me dio peores noticias. Prácticamente un sentencia de muerte. Despídete que te vas Luisito. Estaba en shock y solo pensaba en mis hijas y en Rosita. No quería hacerlas sentir triste. Llame a la persona mas fuerte que conozco para darle la noticia. Mi papá siempre sabe que decir en momentos como estos. Y se que no ha de haber sido fácil para el, pero se mantuvo firme, apoyándome en todo momento mientras yo derramaba lagrimas sobre la terraza del hospital.
La gente pasaba y me miraba, pero debe ser mas que normal ver gente llorar en el hospital.
Después llamé a mi esposa para decirle. Pensé que la mejor manera era decirlo y ya. Le pedí perdón por enfermarme, y lloramos los dos. Qué más se puede hacer en esa situación? Aun dentro de mi no me creo que eso me estuviera pasando. Pero si, así de golpe, de pronto un cachetón de realidad en una vida que hasta aquí había sido bastante cómoda y fácil, por lo menos comparada con muchas otras.
Igual, tengo que reclamarle a la vida, que no se vale dejar todo el sufrimiento y dolor acumulado, para sacarlo después, así de sopetón.
En fin, es lo que es, y es lo que hay. Y me toca reaccionar acorde con las mano de dominó planteada. Y ver si puedo hacer un cierre de esos que suman como 50 puntos de un solo tiro.
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